viernes, 11 de mayo de 2012

Acción, debilidad y maldad (la teoría aristotélica de la libertad, II)

Aristóteles rechaza el intelectualismo moral de Sócrates y de Platón: no toda maldad es ignorancia, no toda la actividad psíquica se agota en el conocimiento. Además del error cognoscitivo o dianoético (la verdad y la falsedad) existe el “error” volitivo o ético. Solo eso, argumenta una y otra vez Aristóteles, explica el hecho de que imputemos a otros, y a nosotros mismos, el haber actuado mal. Incluso la ignorancia es digna de castigo -dice Aristóteles que sabemos- si se es responsable de ella, como sucede en el caso de la embriaguez (en que se es responsable tanto de la propia embriaguez como de la ignorancia en que se cae por ella), o en el caso del desconocimiento de leyes que deberían conocerse, y, en general, en todos los casos de ignorancia negligente.

Pero, ¿cómo es posible que alguien conozca el bien y, sin embargo, desee el mal? ¿No será esto un estado patológico y, por tanto, exento de responsabilidad y de verdadera libertad? Veamos qué contesta Aristóteles, cuando discute (en el libro H (vii) de la Ética a Nicómaco) el asunto de la debilidad de la voluntad o acrasia.

¿Cómo razonamos éticamente? El “razonamiento práctico” consiste en algo como lo siguiente:

     - El axioma fundamental de la ética, y que está supuesto en todo razonamiento práctico, dice que “lo bueno es deseable” y, más concretamente, “es necesario hacer el bien” (bonum est faciendum).

     - En cada caso concreto, el razonamiento moral tiene como premisa mayor una proposición en la que nuestra razón identifica como buena cierta cosa (por ejemplo, “la salud es un bien”, o “la mentira es mala”);

     - y la premisa menor identifica un determinado acto, que podemos elegir hacer o no, como un caso de (o conducente a) lo identificado como bueno (o malo) en la premisa mayor.

“(1) Mentir es malo; (2) decir en esta entrevista de trabajo que entiendo perfectamente el inglés es mentir, así que (de acuerdo con el axioma ético “lo bueno es deseable”), se sigue que debo elegir no mentir acerca de mi nivel de inglés”. O, “la salud es un bien; y fumar es perjudicial para la salud; luego no debo querer fumar”.

Sin embargo, elijo mentir, fumar. ¿Es esto un acto de debilidad y padecimiento, o de autonomía y fuerza? ¿Y, un acto de quién?

Para un intelectualista moral esto es siempre un padecer, nunca un hacer. El funcionamiento normal o sano de la psique comporta que, una vez convencidos intelectualmente de lo que es bueno, nuestra voluntad no tenga más remedio que…, o, por decirlo más correctamente, quiera necesariamente, hacer lo que el intelecto dicta. El caballo blanco de nuestro carro psíquico (usando del mito que cuenta Platón en el Fedro) es siempre obediente al auriga. Si existiese algo así como la debilidad de la voluntad (la carne es débil, que decía Saulo de Tarso), eso sería una enfermedad del alma, no un ejemplo de su salud y autonomía. Pero lo más razonable, según el socrático, es pensar que lo que habitualmente ocurre no es una debilidad de la voluntad sino un defecto del intelecto, no akrasia sino agnoia. Esto se cura simplemente con educación. ¿Cómo se podría curar ya fuera la acrasia, ya la mala voluntad?

Aristóteles tiene que explicar las cosas de otra manera. Insiste en que la explicación intelectualista o socrática está en desacuerdo con los “hechos” (que da por supuesto que todos asumimos): en concreto, el débil de voluntad no cree deber dejarse llevar por la tentación.
“Otros” (platónicos), recuerda Aristóteles, argumentan que, puesto que nada puede dominar al conocimiento (episteme), el que resulta dominado por la pasión es que, en verdad, no tiene ciencia, sino opinión (doxa): la doxa es débil. Pero eso, arguye Aristóteles, merecería indulgencia, que no es la actitud que tenemos con la acrasia.
¿Será entonces que es la prudencia (fronesis) la que se opone sin éxito a la pasión? Eso es absurdo, porque la misma persona sería entonces prudente y akrásica. Pero la prudencia es la que dispone para la acción. Además, si ser débil de voluntad supone tener pasiones fuertes, el moderado (sofrón) no será, en verdad, dueño de sí (enkratés), ni el dueño de sí, moderado. Entonces, ¿cómo hay que explicar los “hechos”?

Aristóteles acumula los elementos explicativos en Ética a Nicómaco, H.3:

     0)  Antes de nada, dice, dejemos aparte la diferencia entre conocimiento y opinión, que no hace aquí al caso, ya que una opinión puede ser sostenida con tanta fuerza como una verdad. ¿Cómo, entonces, se explica el “error” moral?

     1) Primero, es esencial advertir que se puede tener y se tiene conocimiento de lo bueno y deseable de dos modos, ya como disposición, ya en el momento de la realización. Se puede hacer lo que no se debe porque, aunque se tenga conocimiento de lo que sería deseable hacer, no se tiene en cuenta, sin embargo, a la hora de actuar.

     2) Además, uno puede tener en cuenta la premisa universal (mentir es malo) sin tener en cuenta la particular (decir esto ahora sería mentir). Pero el actuar es de lo particular.

     3) Además, es posible tener el conocimiento como disposición de varias maneras: como el dormido o como el embriagado. Y es de este segundo modo como está el que está dominado por la pasión.

     4) También puede suceder que, mientras la premisa universal nos dice una cosa (“la salud es deseable”), la premisa particular, que cae bajo lo sensible, puede no coincidir por accidente (“me apetece fumar”). En el caso del dominado por la pasión, ni siquiera posee la premisa particular. Por eso, como quería Sócrates, no se da afección de akrasía en presencia de conocimiento estricto, sino por el conocimiento sensible.

     5) En fin, hay que distinguir al débil de voluntad del que elije lo malo, son de géneros diferentes la akrasía y la kakía. El malvado no se arrepiente fácilmente, sino que se atiene normalmente a su elección. En cambio el débil de voluntad es propenso al arrepentimiento; la maldad se oculta, la debilidad, no. El débil de voluntad es como el que se embriaga con solo tomar un poco de vino (sin querer): no es maldad, pues "obra" contra su voluntad. En cambio, quien elije el mal, obra con plena voluntad.

¿Qué podemos aprender de todo esto? Por no extenderme demasiado, no discutiré el punto 0 (aunque un platónico no puede aceptar, simplemente, que una mera opinión pueda tener el mismo carácter psicológico que un conocimiento); tampoco me detendré en el punto 2 (que lo más que probaría es que la ignorancia del malvado no afecta solo a los principios sino a los datos más concretos de su acción), ni en el 4 (que supone un error por accidente, y que tampoco arguye, por tanto, contra el intelectualismo). Si nos fijamos en los restantes puntos, que creo que son los más interesantes, se puede caracterizar la teoría aristotélica de la libertad o elección de lo malo, de esta manera:

     - el conocimiento no agota nuestra actividad psíquica (de tal modo que todo lo demás o bien se siguiese necesariamente de lo que él prescribe, o bien fuese una patología, una pasión), sino que
     -Existe en nosotros una actividad psíquica que, aunque motivada por el conocimiento de lo que es bueno o malo, no está completamente determinada por él, sino que es autónoma,
     -y es ahí donde se produce la buena o mala elección, o sea, la culpabilidad y la posibilidad de imputación
    -Esta actividad (la elección, lo voluntario) opera precisamente allí donde el conocimiento no llega o llega apenas, es decir, en lo concreto, que es, en último extremo, inconceptualizable, porque toda conceptuación es de lo universal (la sustancia primera y concreta, el esto, el tode ti, es inescrutable).

Por decirlo figuradamente, el conocimiento nos dice qué es bueno o malo, y lo hace todo el trecho que puede desde los primeros principios hasta lo más cercano a lo concreto, pero hay un momento en que ya no puede avanzar más allá, porque aquello es ya lo completamente particular e incognoscible, y tenemos que dar el salto a la acción con otra facultad, que opera en lo concreto (Searle llama a esto una de las “brechas” que hay en el actuar). Por supuesto, es esta facultad de lo concreto la más importante.

Estas tesis suponen una moderación del “cognitivismo” ético, y un cierto no-cognitivismo, por tanto. Aristóteles cree, desde luego, que hay cosas buenas o malas por naturaleza, o, lo que es lo mismo, fines propios para todos y cada uno de los seres. Y nuestros fines son vivir virtuosamente de acuerdo a la razón. Pero Aristóteles cree que nuestra psique es menos simple de lo que parecen creer Sócrates y Platón.
Dicho en otros términos (de la filosofía del lenguaje contemporánea), Aristóteles rechaza la posibilidad de reducir todo acto a un acto descriptivo o veritativo (a una proposición “apofántica”). La voluntad, y con ella la libertad, suceden en un ámbito inaccesible, en último extremo, al mero intelecto. Por si fuera poco, ese lugar olvidado por el socratismo y el platonismo, es el más propiamente realizativo, el de la energeia en su estado más puro, el de lo concreto, lo que sucede en el espacio y el tiempo, del que el intelecto no tiene más remedio que hacer abstracción. Por eso, la Política, a la vez que es la principal de las “ciencias”, está más allá de la mera ciencia. Ser bueno no se reduce a ser sabio, o, ser sabio-moral no se reduce a conocer.

En próximas entradas trataré de rechazar esta teoría aristotélica.

2 comentarios:

  1. Toda maldad es ignorancia, eso apareció en un sueño...como un mensaje que me vino a cambiar la vida. Cuando la encontré aquí, me dolió el estómago. Quién es el que la propone....sé que lo leí en algún texto en el cole, pero ya son tantos años de eso, que estoy perdida. Gracias por el texto...

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  2. Nicole, gracias a ti por tu opinión, y bienvenida. Lo de que la maldad es ignorancia se identifica con Sócrates, aunque en todas las culturas ha habido una corriente "gnóstica" que dice eso mismo. Una pregunta, si puedes contestarla: ¿por qué te dolió el estómago al encontrarlo aquí? Un cordial saludo.

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