sábado, 21 de julio de 2012

Amor y matrimonio en Hegel. En defensa del poliamor IV


Con Hegel vuelve la cordura y la sensibilidad para con el amor conyugal. Para empezar, la “familia” es (antes que un contrato sexual o económico o ambas cosas indistinguiblemente) una unidad amorosa:

“En cuanto sustancialidad inmediata del espíritu, la familia se determina por su unidad sentida, el amor”. 

Y agrega:

“Amor significa conciencia de mi unidad con otro…”

Por supuesto, el amor no es el mejor de los estados de conciencia, porque es en parte “irracional” y sentimental; por tanto, tampoco la familia es la última y más espiritual forma de relación humana, y solo alcanza la solución de sus contradicciones en el Estado (lo que no quiere decir –contra lo que, parece, quería Platón, y contra lo que dijeron luego los ideólogos comunistas, como Marx y Engels- que el Estado deba acabar con la familia, sino englobarla superando sus contradicciones):

“Pero el amor es sentimiento, es decir, la eticidad en la forma de lo natural. En el Estado no existe ya esa forma, pues en él se es consciente de la unidad en la ley: su contenido debe ser racional y yo debo saberlo”.

El amor, dice Hegel, es una contradicción viva:

“El primer momento en el amor es que no quiero ser una persona independiente para mí y que si lo fuera me sentiría carente e incompleto. El segundo momento consiste en que me conquisto a mí mismo en la otra persona y valgo en ella, lo cual le ocurre a esta a su vez en mí. El amor es por la tanto una enorme contradicción que el entendimiento no puede resolver, pues no hay nada más inconsistente que esa puntualidad de la autoconciencia que se niega y que sin embargo debo tener afirmativamente. El amor es al mismo tiempo la producción y la solución de la contradicción; en cuanto solución es la concordia ética”.

Yo, siendo uno, me siento, sin embargo, incompleto, y siento una irrefrenable pulsión a ligarme sentimentalmente a otra persona (no a enajenarme en ella o por ella); cuando conquisto esa unión, entonces alcanzo mi valor en ella (ella me ama, y así me hace ser algo). Paradójicamente, a la otra persona le pasa lo mismo: ¿cómo pueden dos seres carentes, volverse plenos al juntarse (puede la fusión de dos “bancos malos” dar uno bueno?) El amor es esta paradoja (que no se soluciona, como demuestra el Lisis de Platón, ni con la idea de complementación de contrarios, ni con la de afinidad de iguales), pero es también su propia “solución”, al menos momentánea: un círculo virtuoso de auto-hetero validación (que, sin embargo, siempre está amenazado por el hastío si no consigue alimento espiritual externo).

Pero, desde luego, el amor del que estamos hablando no es un amor incualificado, sino que es un amor (y aquí aparece la sombra de lo que nos decía Kant) íntimamente sexual, además de sexualmente íntimo. Porque en el amor (o en este tipo de amor, “de pareja” o conyugal) ama el individuo sexuado, es decir, el que no prescinde de su “parte” en la vida de la especie (su parte “hormonal”, como se dice hoy). No obstante, el matrimonio o vida conyugal logra sublimar y dar todo su sentido, dentro de la vida humana, a esa sexualidad:

“En cuanto relación ética inmediata el matrimonio contiene, en primer lugar, el momento de la vida natural y, más concretamente, en cuanto relación sustancial, la vida en su totalidad como realidad de la especie y su proceso. Pero, en segundo lugar, la unidad solo interior o en sí de los sexos naturales, y precisamente por ello sólo exterior en su existencia, se transforma en autoconciencia en una unidad espiritual, en amor autonconsciente”.

Lo mejor de un romanticismo racionalizado. Hegel rechaza, como primitivas, las concepciones “naturalistas”, que ven al matrimonio como algo puramente físico. Y especialmente sobre Kant, dice:

“Igualmente primario es considerarlo meramente como un contrato civil, representación que aparece incluso en Kant (…) con lo que se rebaja el matrimonio a la forma de un uso recíproco de acuerdo con un contrato”.

El “amor consciente de sí”, se materializa en la institución del matrimonio, donde se elimina todo lo pasajero:

“El matrimonio debe determinarse, por lo tanto, de modo más exacto como el amor jurídico ético, en el cual desaparece lo pasajero, caprichoso y meramente subjetivo del mismo”.

El amor tiende a la perpetuidad, y un amor eventual es un fracaso. No obstante, Hegel se muestra sensible a la posibilidad de la disolución del matrimonio, pero piensa que el Estado debe dificultar eso lo más posible.

En lo que no transige Hegel es en la necesidad de que el matrimonio sea de uno a uno (a una). La monogamia es intocable:

“El matrimonio es esencialmente monogamia porque es la personalidad, la inmediata individualidad exclusiva, la que se coloca y se entrega en esa relación, cuya verdad e interioridad (la forma subjetiva de la sustancialidad) solo surge, por lo tanto, con la entrega recíproca e indivisa de esa personalidad. Esta alcanza su derecho de ser consciente de sí mismo en otro solo si el otro está en esta identidad como persona, como individualidad atómica”.

Es complicado (como cabía esperar). Si yo me entrego entero y tú solo en parte, yo no me recupero, una parte de mí queda sin recomponer. En una verdadera relación de amor, uno solo puede entregarse completo y solo a uno.
Esto es más romántico todavía. Podría añadirse, como toque final, lo de quemarse juntos en una pira, o alguna otra manera de éxtasis amoroso.

Sin embargo, ¿por qué un argumento exactamente paralelo no serviría para demostrar que uno solo puede tener un amigo, o un hijo? A un amigo también se entrega uno completamente en aquellos aspectos en los que estriba la amistad: si uno es amigo tuyo “en la virtud”, se entrega en toda su persona moral a esa relación contigo. Y si uno es tu padre se entrega, igualmente, todo entero. La diferencia sexual (que es la única que parece relevante) no justifica que el argumento de la entrega total sea válido.
Más bien parece que el sentimiento de exclusividad es una pulsión muy básica de dominancia sexual, fundada más en el sentimiento de competencia que en el de amor.

En realidad, el amor no debe ser celoso, y debe entregarse al otro pidiendo que todo lo que ame el otro sea digno. Y los individuos humanos no se parten, de manera que si se entrega amor a este se le quite a aquel (esto sería una concepción materialista de la persona), sino que, como mónada, se proyectan en todas direcciones e interactúan con múltiples de ellas en múltiples aspectos.

La monogamia o mono-amor parece además una fijación obsesiva y un afán excesivo de pureza, es decir, excesivo para un tipo de seres, como los humanos, donde las diferencias entre ellos no son nunca tan abismales como para que no sea irracional amar solo y completamente a uno (cosa que parece apropiada solo para con un dios). Y no parece que sea nunca el amor a fulanito o fulanita lo que impide amar a menganita o menganito a la vez, sino la prohibición basada en el egoísmo.

2 comentarios:

  1. Me parece extraordinario lo que muestra Hegel en relación al amor, al matrimonio y a la exclusividad de las parejas, además que el amor tiende a la perpetuidad, si, porque hay varias formas de sentir y expresar el amor.

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  2. Me parece extraordinario lo que muestra Hegel en relación al amor, al matrimonio y a la exclusividad de las parejas, además que el amor tiende a la perpetuidad, si, porque hay varias formas de sentir y expresar el amor.

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