domingo, 3 de marzo de 2013

Del Conocimiento y la Acción en estado puro

Con gran sabiduría, los maestros que pensaron la filosofía Vedanta distinguieron varias vías de búsqueda del sentido, la del Conocimiento (gnana yoga), la de la Acción (karma yoga), la de la Devoción (bhakti yoga)…; y advirtieron también que uno no puede seguir una de esas sendas sin, a la vez, verse arrastrado por las otras, porque no son más que diversas perspectivas del mismo camino, el único posible.

Dijo Krishna: en el principio de los tiempos, Arjuna, el de mente pura, establecí para este mundo dos firmes senderos, el de la unión por el conocimiento de la verdad para la persona contemplativa y el de la unión por las obras, para la persona activa. (Bhagavad Gita, II, 3 –en adelante, BG; edición de Consuelo Martín, Trotta-)

Son los ignorantes, y no los sabios, los que consideran que el sendero del conocimiento de la verdad y el sendero de la acción son diferentes. Quien se dedica a uno de ellos adecuadamente, recoge el fruto de ambos (BG V, 4)

¿Cómo son paralelas, por ejemplo, la vía del Conocimiento y la vía de la Acción?

Quien sigue a fondo el camino del Conocimiento llega a la comprensión de que Todo es Uno, todos los seres son, no partes, sino modos, aspectos o reflejos del Ser único esencial; que lo relativo es, en verdad, solo manifestación de lo Absoluto; pero esa unidad esencial y absoluta que es todo en su fondo, es incomprensible para el pensamiento que divide y relaciona. Es y no es comprensible. Por medio de la Analogía, el pensamiento “resuelve” la contradicción Dialéctica.

¿Qué descubre el camino de la Acción? Según aquellos maestros, si se sigue con pureza y radicalidad (no viviendo al tuntún y de oídas), el camino de la Acción lleva a la Acción por la acción misma, y al Desapego hacia el resultado de la Acción. La Acción misma es el Ser mismo, y todo lo demás es pasión.

Trasciende, Arjuna, supera los pares de opuestos y mantente equilibrado, libre de ambición y del deseo de seguridad. Y permanece lúcido, vigilante. Solo tienes derecho al acto, y no a sus frutos. Nunca consideres que eres la causa de los frutos de tu acción ni caigas en la inacción. Establécete en este yoga, y dedícate a realizar el deber, abandona el apego y permanece en equilibrio ante el éxito y el fracaso. A esta ecuanimidad se llama yoga. En verdad, toda acción es inferior al camino de la sabiduría. Dignos de lástima son los que obran por la recompensa. (BG I,45-49)

La dialéctica de la Acción es llevada a su máximo. La Acción se funda en el interés: actuar es hacer algo, y eso implica un telos, una tendencia, un “movimiento” hacia lo deseado. En ese sentido, la acción siempre debería estar fuera de sí. Pero, entonces, la acción es siempre “heterónoma”, servil, mediata, regida por algo externo, y conduciría lógicamente al Reposo. Sin embargo, ni el Reposo puede ser el fin de la Acción (como lo menos no es causa de lo más), ni una acción heterónoma es propiamente una acción, una auténtica y pura acción, sino una pasión. La Acción pura es, paradójicamente, la que no busca nada, nada fuera de sí misma. Y esto parece confundirse con la inacción, aunque es su contrario (y porque es su contrario), como lo absolutamente indefinido, infinitesimal, múltiple y otro parece confundirse con lo absolutamente indivisible, infinito, uno y mismo.

Nadie se libera de la acción por el simple abstenerse de obrar, ni se puede llegar a la plenitud del Ser por la mera renuncia a actuar. Nadie puede dejar de actuar ni siquiera por un momento, ya que los impulsos de las características de la propia naturaleza fuerzan a la acción (BG II, 4 y 5)

Aquel que encuentra la inacción en la acción y la acción en la inacción, es un sabio entre los hombres. Está en el sendero de la unión y puede hacer cualquier acto (BG III, 18).

Quien sigue el camino de la Acción, solo actúa por actuar. Esto es lo que nos ha dicho Kant con su actuar autónomo, y lo que nos ha dicho Nietzsche con su Voluntad de Voluntad presente. Para el karma yoga no se trata, pues, de no actuar: hay que hacer en cada caso lo mejor, pero todas las acciones son solo expresión de la Acción misma, la Acción en sí, lo mismo que toda la variedad de entes son solo expresión del Ser Uno.

Por eso, mantente desapegado, realizando las obras que tu deber te imponga. Porque actuando según el deber sin apego, se llega a lo supremo. (II, 19)

La misma dialéctica que, por el sendero del Conocimiento, se ve como Uno y Múltiple (Todo es Uno pero lo Uno se expresa y es cognoscible solo como Todo) se ve, por el sendero de la Acción, así: Toda Acción es, en el fondo, una única y pura acción, que se expresa en todas las acciones. El buscador, o sea, el alma (Atman), busca lo Uno puro a través de todo y en todo, y persigue la Acción pura a través de todas y en todas las acciones. Y lo mismo que el Conocimiento auténtico está desatado de lo concreto o parcial, la Acción auténtica está desapegada de toda acción concreta o parcial, de todo interés, salvo del Interés en sí, que es hacer por hacer, hacer bien.

Pero ¿entonces -se pregunta el pensamiento que no entiende bien ese camino-, vale cualquier acción, puesto que todas son igualmente expresión de la Acción? Sí, en términos abstractos: todas las acciones son iguales como todos los seres son iguales, vistos desde ninguna perspectiva concreta; pero no en términos locales: a mí me corresponden unas acciones por ser el momento y aspecto concreto que soy de lo Uno: tengo que llenar mis pulmones, no los tuyos; cuidar de mis hijos, no tanto de los tuyos.

Bien, dirás, pero ¿qué es lo mejor, dadas mis circunstancias? ¿Qué me dice la Acción acerca de lo que, dado el aspecto de lo Uno que soy, debo hacer? Eres –será la respuesta- un aspecto de lo Uno, y lo bueno es que busques esa unidad, en ti y en todo. Porque no puedes buscarla en ti sin buscarla para todo. Entonces, la guía de tu acción concreta se convierte en esto:  

Actúa de tal manera que lo que hagas sea aquello de cuanto está en tu mano que mejor conduzca, a tu parecer, a la mayor perfección del Todo, esto es, lo que mejor exprese lo Uno

Por eso, aunque tengas que llenar tus pulmones y cuidar a tus hijos, tienes que procurar que todos llenen sus pulmones y cuiden a sus hijos, sin que tu interés particular disuene con el interés universal.

La noble sabiduría del Karma yoga parece conducirnos a la vez a la Inacción (al Reposo) y a la acción indiscriminada (cualquier cosa vale). Lo cierto es que solo nos lleva a la acción más pura, que es lo contrario a la quietud y, a la vez, a la acción alocada o indiferente (otra forma de quietismo, un quietismo completamente inquieto).

Pero debes saber que, más allá de lo que crees y puedes, nada está en tu mano, así que, una vez deseas solo lo que sabes o crees que es mejor, no puedes ni debes desear nada más.  Tu acción tiene consecuencias, es la ley del karma, pero las consecuencias no están en tu mano, por eso puedes librarte del karma.

Al actuar siempre son las características de la naturaleza las que llevan a cabo la acción, mientras aquel cuya mente está ofuscada por el egoísmo piensa: “yo soy el que actúo” (BG II, 27)

Otra vez la misma dialéctica: aunque eres el dueño y responsable de tus actos (eres algo activo, no pasivo), no eres el responsable ni dueño de lo que pasa: no existe la Culpa ni el Pecado. Creen en la Culpa y el Pecado los que están apegados a los resultados, y no a la Acción misma. La acción misma es siempre buena, porque la acción es un concepto que no puede hacer juego con mal y no-ser.

  
El Señor impregna todo lo que se mueve en el universal movimiento.
Realiza tu dicha en el distanciamiento. No desees los bienes de nadie.

Cumpliendo el karma se puede desear vivir cien años en el mundo.
De esta forma estamos libres del error. Pero uno no debe ser esclavo del karma.

Único, inmóvil y más veloz que el pensamiento en su proceder. Los propios dioses no pueden alcanzarlo. Aunque permanece inmóvil, supera a todos los demás que se encuentran en movimiento.

Él se mueve y no se mueve, está lejos y está cerca, está dentro de todo y fuera de todo.

Quien entrevé todos los seres en él y él en todos los seres, ya nunca más se separa.

¿Qué ilusión o aflicción podrán rozar a quien ve la unicidad, a aquel cuyo sí ha llegado a ser todos los seres?

Aquellos que veneran lo inmanifestado se introducen en ciegas tinieblas; quienes son devotos de lo manifestado se introducen en tinieblas aún mayores.

Uno es el resultado de lo manifestado y otra el resultado de lo no-manifestado. Así lo hemos aprendido de boca de los sabios.

En efecto, quien conoce estas dos, manifestación y disolución, se libra de la muerte por medio de la disolución  y obtiene la inmortalidad a través de la manifestación.

El rostro de la Verdad está escondido por un disco de oro, ¡oh, Pusan! Levántalo  por la ley de la verdad y de la visión interior.

¡Oh, Agni, condúcenos por el buen camino para que podamos obtener la Plenitud. ¡Oh, deidad, tú que conoces todas las manifestaciones, borra el error que nos extravía!

(Isa Upanisad, fragmentos)

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